Quedamos entre las 300 startups de Misión Emprende: la historia detrás del video
Postulamos a Misión Emprende 593 entre más de 3,000 proyectos y llegamos al Top 300. Esta es la historia detrás del video que grabamos con presupuesto ajustado en el parque Itchimbía, un contratiempo que no esperábamos, y lo que nos deja esa experiencia.

En julio postulamos a Misión Emprende 593 con el proyecto de investigación en el que llevamos meses trabajando: un chip neuromórfico, una línea de hardware que busca que la inteligencia artificial consuma mucha menos energía, inspirada en cómo aprende el cerebro humano. De más de 3,000 proyectos postulantes, quedamos entre los 300 finalistas.
No avanzamos más allá de esa etapa. Lo decimos así, directo, porque esta no es una historia de “ganamos el concurso”: es la historia de lo que costó llegar hasta ahí, y por qué de todas formas valió la pena.
El video, grabado en el parque Itchimbía
Cada postulante debía presentar un video pitch. Nosotros lo grabamos en el parque Itchimbía, en Quito: nos gustaba el lugar, la vista de la ciudad tenía el tono que queríamos para hablar de algo que apunta al futuro.
El presupuesto era el que era: poco. Todo lo que implicó crear y producir el video, desde la idea hasta la edición, lo resolvimos con lo que teníamos a mano, sin equipo de producción ni facilidades de una empresa grande detrás. Y en medio de la grabación nos pasó algo que no planeamos contar públicamente hasta ahora: nos descuidamos un momento, dejamos nuestras cosas solas, y cuando volvimos ya no estaban. No sabemos bien qué pasó: quizás alguien las encontró y en algún momento las devuelva, aunque con tanta gente pasando por el parque nos parece raro que a nadie le llamara la atención.
Fue un golpe duro en un momento que ya era difícil de por sí. Pero seguimos, terminamos el video con lo que nos quedaba, y lo enviamos.

Lo que nos deja esta experiencia
No llegamos a la siguiente fase del proceso. Lo que pasó en el parque nos dejó bajoneados justo cuando más nos faltaba para terminar el video, y eso se sintió en el resultado. No es una queja: los demás proyectos tuvieron su propio camino, con sus propias oportunidades, y cada quien hizo lo suyo. Nosotros creemos que pudimos hacerlo mejor.
En retrospectiva, no fue solo mala suerte lo que recordamos de ese día: fue también la evidencia de qué tan lejos puede llegar un equipo pequeño cuando no tiene margen de error. Construir con poco presupuesto obliga a priorizar lo esencial, y eso terminó reflejado en un video honesto, sin adornos, que igual no logro convencer a un jurado que revisó miles de proyectos.
Más allá de esa semana puntual, esta experiencia nos deja una reflexión más grande: lo complicado que es emprender en Ecuador cuando todavía nadie te conoce. Incluso después de que el país ya invirtió en ti, no siempre es posible convertir eso en negocio real, o llegar a formar parte de algo significativo. Nos parece difícil, y lo decimos sabiendo que estamos haciendo las cosas bien.
Que nos hayan considerado una empresa con potencial, y que haya interés real en invertir en lo que estamos construyendo, es algo que nos deja satisfechos, más allá de no haber avanzado a la siguiente fase. Quedarnos en el Top 300 no fue la meta que nos propusimos, pero sí fue la confirmación de que vamos por un camino que otros también ven con seriedad.

Por qué lo contamos aquí
El chip neuromórfico sigue en desarrollo: es investigación seria, con pruebas de software en curso, y todavía estamos documentando y afinando resultados antes de hablar de cifras concretas. Cuando haya algo verificado y listo para compartir, tendrá su propio espacio en este blog.
Por ahora, esta historia importa por otra razón: la misma disciplina que nos llevó a construir un pitch decente con casi nada de presupuesto es la que aplicamos en Fluencia de IA, nuestro curso insignia. No enseñamos teoría suelta: enseñamos a usar la inteligencia artificial con criterio real, el mismo que necesitas cuando los recursos son limitados y cada decisión cuenta.
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